viernes, 16 de agosto de 2019

Año y medio para recibir un diagnóstico

El pasado fin de semana la edición valenciana de el diario El Mundo daba una noticia cuyo titular era imposible no comentar: «Cita con el neurólogo en la sanidad pública: pásese en año y medio». Tras haber solicitado una consulta el pasado 3 de julio, un paciente de Vinarós ha sido citado el 4 de noviembre de 2020. Las listas de espera son, sin duda, una de las peores enfermedades de cuantas hoy tiene nuestra preciada sanidad pública. A la cabeza unos años atrás, el sistema en otro tiempo puntero no para de llenar titulares debido a su retraso en la citación de pacientes y a las condiciones laborales de los facultativos. Desde que comenzó el verano, sin ir más lejos, se cuentan por decenas los titulares en prensa que hablan de la falta de camas en las urgencias de cada ciudad española. 

El caso que pone de manifiesto El Mundo habla de un paciente que tendrá que esperar un año y cinco meses para conocer el motivo de su dolencia. Definitivamente, no se puede alardear de la Sanidad Pública cuando tenemos pacientes relegados a la última fila y pensando en cuáles son las causas de su malestar hasta que el sistema se decida a tratarles. Como dice la noticia del periódico nacional, el argumento esgrimido por el centro hospitalario de Castellón para semejante lista de espera es la “falta de personal y la saturación de los servicios que, según la dirección, trabajan por encima de sus posibilidades”. 

Las especialidades con mayor lista de espera, reza el artículo, son Neurocirugía, Cirugía Pediátrica, Cirugía Torácica, Cirugía Plástica, Traumatología, Cirugía Maxilofacial, Cirugía Vascular, Urología, Otorrinolaringología, Ginecología, Cirugía General y Oftalmología.

Otro de los problemas que quizá pasa desapercibido para el ciudadano es la dificultad de conocer la realidad de las listas de espera. Además de las personas que esperan para ser operadas existen cientos más que todavía no han visto por vez primera al especialista. Estas personas, al no haber recibido el diagnóstico, no entran en las listas de espera publicadas por cada región, por lo que los datos en este sentido no son siempre los que se nos muestran. 


Precisamente en la Comunidad Valenciana la entonces consellera, Carmen Montón, aseguró que acabaría con todos los conciertos público-privados para devolver la sanidad a lo público. La decisión, muy bonita en el discurso, no ha tenido el efecto deseado para ninguna de las partes. La reversión del Hospital de Alzira, que obedeció a una decisión más política que social, ha tenido un efecto del todo negativo para los pacientes que, a fin de cuentas, son los únicos que importan en la Sanidad Pública. 

El centro hospitalario ha aumentado sustancialmente las reclamaciones recibidas y los profesionales han hecho algo nunca visto en el hospital: manifestarse para reivindicar mejores condiciones. La Administración, que se gastó una millonada en despidos improcedentes tras la reversión, no tuvo en cuenta las necesidades reales del ciudadano a quien, a fin de cuentas, tan solo le importa recibir un buen diagnóstico y en un periodo de tiempo aceptable. 

A pesar de las demoras y los malos datos, el caso Alzira sigue siendo vendido como un éxito por aquellos que se empeñan en defenestrar los convenios a toda costa. Convenios que habría que recordar existen con el único objetivo de implementar el SNS y mejorar la calidad de atención al paciente. Puede que, cuando aquellos que defienden este tipo de decisiones se percaten de cómo han contribuido a llevar a la ruina a un modelo puntero, sea ya demasiado tarde. 


lunes, 29 de julio de 2019

Una solución coherente al drama de las listas de espera

Esta semana llegó a los medios un análisis que destaca que la Fundación Jiménez Díaz es el centro preferente de los madrileños. No es la primera vez que el hospital aparece en los primeros puestos en las clasificaciones de centros punteros pues, a decir verdad, es todo un ejemplo de cómo la colaboración efectiva entre el modelo público y privado puede dar lugar a acuerdos beneficiosos para el ciudadano. Madrid, como bien pone de relieve este artículo, es una de las regiones que proporciona al ciudadano el derecho a escoger su centro sanitario de referencia.
De las 130.783 solicitudes de centro de referencia que se llevaron a cabo en la Comunidad de Madrid en 2017, un 42% se dirigieron a la Fundación Jiménez Díaz. Resulta cuanto menos interesante la tabla clasificatoria que muestra cómo, de entre los centros de alta complejidad, el Hospital de La Paz es el que mayor pérdida de pacientes registra. Los problemas del centro en los últimos años, cuyo servicio de urgencias ha sido denunciado por médicos y por pacientes por el penoso trato al ciudadano y la falta evidente de camas, han lastrado la imagen de la que un día fuera punta de lanza de la sanidad madrileña. 
Es más que probable que el principal motivo que ha llevado a los ciudadanos madrileños a escoger la Fundación Jiménez Díaz como hospital de referencia sea su demora mínima en las listas de espera. El que, a todas luces, es hoy el mayor problema de la sanidad, se ve reducido en el centro de colaboración público-privada, donde la demora media quirúrgica es de 11,78 días, 50 días menos que la media en Madrid. 
En el panorama actual, en el que la falta de acuerdo entre los políticos para formar Gobierno amenaza con retrasar las necesarias medidas que requiere el sector sanitario, los ciudadanos requieren de soluciones, propuestas concretas y del día a día que, más allá del discurso de estrado, aporten mecanismos al paciente para solucionar sus problemas. Son urgentes medidas en la Atención Primaria que acaben con el colapso en los centros y las listas de espera, así como decisiones que alivien la presión de nuestros doctores, saturados por la carga de trabajo. 
La colaboración público-privada, tan denostada por algunos políticos, es a día de hoy una solución firme problemas a los que, por lo menos de momento, nuestros representantes no están dedicando el tiempo suficiente. Los pocos minutos dedicados a la Sanidad durante el debate de investidura celebrado esta semana no hacen más que demostrar que el sistema está, de momento, lejos de poner freno a sus principales males. Esperemos que esto cambie. 

domingo, 14 de julio de 2019

Soluciones para la sanidad pública

Esta semana hemos conocido una encuesta postelectoral del CIS que revela la escasa presencia de la Sanidad en la campaña electoral en las elecciones generales. Los ciudadanos, tal y como revelan los datos, se han percatado de que los políticos decidieron pasar de puntillas por el tema sanitario y, si bien el debate político e ideológico ocupó titulares y largos tiempos en los debates y entrevistas, las soluciones sanitarias fueron escasas, por no decir imperceptibles. Resulta paradójico que nuestra Sanidad, que adolece de determinados problemas a los que hay que poner solución más pronto que tarde, sea una de las grandes preocupaciones del ciudadano pero no de los políticos. 

En los debates electorales previos a las generales y autonómicas se echaron de menos propuestas sanitarias claras y que resuelvan, de una vez por todas, cuestiones básicas y que nos afectan cada día. La falta de camas en los hospitales españoles, una constante en la etapa estival, va camino de ser un problema continuo también este verano. La falta de investigación, asimismo, es un tema peligroso, sobre todo cuando los estudios hablan del envejecimiento de la población y la cronicidad de las enfermedades como uno de los grandes problemas para nuestra Sanidad en pocos años. 

Esta semana Luis Mayero, consejero de Asisa Lavinia, concedía una entrevista al Diario ABC cuyo titular decía que la sanidad privada tiene un estigma entre los políticos. El presidente de IDIS destaca que hay quien desprecia su sector cuando, en realidad, un tercio del gasto sanitario corresponde a la sanidad privada. Interesante sin duda una frase en la que Mayero habla de las críticas gratuitas al sector privado y recuerda que la finalidad de la sanidad, sea pública o privada, es la de curar al paciente. 

Hace ya bastante tiempo que nuestros políticos, sean del signo que sean, optan por no hablar de la sanidad privada debido a su impopularidad. Su estigma nos hace olvidar cómo, a día de hoy, solo la colaboración público-privada puede ayudar a mejorar un sistema cuyos males parecen no estar importando a nuestros políticos. Si nuestros representantes en el parlamento no invierten tiempo en solucionar los problemas, ¿invertirán el dinero necesario para ellos? Los profesionales sanitarios reivindican a diario mejoras para los profesionales y para los pacientes. Son, sin duda, temas básicos en los que hay que comenzar invirtiendo: estudios, instalaciones, camas, estabilidad de los profesionales… Parece que todo esto se olvida en la clase política a tenor de las últimas encuestas. 

El IDIS, recuerda la entrevista en ABC, ofreció a nuestra sanidad pública un plan para acabar con las listas de espera. Se planteó, dice el artículo, poner a cero las cifras invirtiendo 1.500 millones de euros. «La idea era que algunos de nuestros hospitales dejaran quirófanos para hacer tres cirugías diarias y en tres meses poder alcanzar nuestro objetivo para las especialidades con más demora». El plan, como ya sabemos, no se puso en marcha. «No somos ingenuos, la sanidad privada tiene un estigma en la sociedad, sobre todo en los políticos. No se dan cuenta de que somos necesarios. La sanidad privada puede ayudar a la sostenibilidad de la pública», recuerda. 

Es una pena, sin lugar a dudas, que a nuestros políticos les preocupe más el estigma que el término “privada” tiene en el ciudadano que las soluciones que el sector puede aportar. Terminar con las listas de espera es a día de hoy una auténtica quimera, un drama humano que millones de pacientes sufren a diario sin recibir soluciones. No parece, a tenor de las escasas propuestas sanitarias planteadas en campaña, que la solución esté en el corto plazo. Recurrir a aquellos que pueden aliviar la situación sería,a  todas luces, una solución inteligente. ¿No es el ciudadano lo primero para los políticos? ¿Dónde están, entonces, las soluciones?

La sanidad pública española ha sido siempre envidiable. Nuestros profesionales, ya lo revelaba un reportaje emitido en Cuatro hace una semana, son requeridos en el extranjero debido a su gran formación y evolución constante. Tenemos motivos de sobra para estar orgullosos de un sistema que ha costado mucho esfuerzo levantar y convertirlo en un ejemplo. No dejemos que esto cambie. No permitamos que nuestra sanidad pierda puestos en las clasificaciones y deje de ser una referencia. Ayudémonos de quien nos tiende la mano para revertir esta situación y que nuestro país vuelva a estar a la vanguardia. 

martes, 25 de junio de 2019

Escasez de personal en los hospitales españoles


Otra vez, por enésimo año consecutivo, los titulares en los medios especializados en información sanitaria hablan sin parar de la pérdida de camas en las urgencias de los hospitales públicos en la etapa estival. Las vacaciones de nuestros facultativos, unidas a la patente escasez de personal en numerosos centros de nuestra geografía, provoca que los pacientes vean mermada, una vez más, la atención sanitaria durante el verano. 

A tenor de los titulares y las quejas de los pacientes pareciera que las vacaciones de nuestros médicos siempre pillan por sorpresa a sus responsables. ¿No son, los días de descanso, un derecho irrenunciable de todo trabajador? ¿Por qué, entonces, nadie prevé ningún verano que las múltiples ausencias deberían de ser cubiertas con celeridad? Pensando en otros sectores laborales, cuesta pensar alguno en el que las bajas de los profesionales se conviertan en un problema que cope los titulares de los medios. ¿Han escuchado hablar, acaso, de las vacaciones no cubiertas del personal de la Administración? ¿Y del descanso estival de bomberos o policías? 

Que nuestros médicos están saturados no es ninguna sorpresa. Los profesionales de Atención Primaria reciben cada día a decenas de pacientes a los que, con suerte, pueden dedicar cinco minutos de su tiempo. El exceso de trabajo y el escaso sueldo ha llevado a muchos doctores a abandonar España debido a las malas condiciones. Para colmo, aquellos que siguen al pie del cañón y frustrados por no dedicar a los enfermos el tiempo que les gustaría tienen que soportar que, cuando se van de vacaciones, las urgencias se vean saturadas y los pacientes mal atendidos. ¿Es esto justo?


Tenemos un problema grave si miramos para otro lado en este asunto. Los responsables políticos apenas dedican tiempo e inversión al estado de nuestra Sanidad, y el resultado es un conjunto de profesionales hastiados de su situación y unos centros saturados y sin personal para satisfacer las necesidades del ciudadano. 

Es preciso reclamar al Estado mayor inversión, pues solo a través de fondos podrá incrementarse la plantilla de médicos en el conjunto de hospitales españoles. Si el dinero no llega, al menos, nuestros responsables deberían fomentar aquellos sistemas que doten de mayor calidad a nuestra sanidad para que ésta no se quede a la cola. Los modelos de colaboración público-privada han demostrado, de momento, ser una de las alternativas a la falta de inversión por parte del Ejecutivo. Maquinaria, mejores instalaciones, mayor número de médicos para reducir las listas de espera… Poco dinero y demasiados deberes para que nuestra sanidad siga siendo puntera. No nos olvidemos, además, del envejecimiento de la población y la cronicidad de las enfermedades, que reclaman una sanidad preparada para hacer frente cada vez a un número de pacientes mayor y con necesidades muy dispares. ¿Estaremos listos?

La falta de inversión no solo se traduce en el cierre de 30 camas en un hospital situado en algún punto de España. Sin fondos suficientes, si preocupación por parte de nuestros responsables políticos, el sistema sanitario comenzará a perder posiciones y será incapaz de atender las necesidades del ciudadano. Este verano -ya está ocurriendo de hecho- volveremos a leer decenas de noticias sobre escasez de médicos en hospitales y centros de atención primaria. Más allá de los titulares, pensemos en el paciente, pensemos en nosotros. No merecemos ese trato.

lunes, 10 de junio de 2019

Colaboración en Sanidad para abordar el futuro


Venimos leyendo en las últimas semanas multitud de informaciones sobre el descontento generalizado entre pacientes y profesionales debido a los continuos colapsos en las consultas de atención primaria así como en servicios de urgencias. De manera tristemente habitual, los médicos se concentran para reclamar mejoras y reivindicar un derecho tan preciado como inexistente: tiempo para los enfermos. Tal y como denuncian varios profesionales, la jornada laboral en consultas de atención primaria exige que la dedicación para sus pacientes sea de apenas cinco minutos, algo, a todas luces, insuficiente a la hora de proporcionar un trato adecuado y humano a quien lo solicita.

Todo esto, ligado al envejecimiento de la población y la necesidad de inversión de cara a la cronicidad de las enfermedades, un problema acuciante y al que no se le está prestando plena atención, hace que el paciente se pregunte si, en realidad, nuestro sistema está preparado para aguantar el paso del tiempo. Si los médicos ya están saturados, ¿cómo estarán cuando la media de edad de sus pacientes se haya incrementado y requieran atención mayor? Está claro que solo hay una vía posible para que el SNS sobreviva al futuro: la inversión en profesionales, en instalaciones, en investigación…Inversión al fin y al cabo para tener una Sanidad puntera y capaz de hacer frente a las vicisitudes.

La colaboración público-privada ha demostrado ser una vía sobradamente válida para garantizar la solvencia del sistema. El presupuesto en Sanidad por parte de los sucesivos gobiernos ha demostrado, de momento, ser insuficiente y no responder a las necesidades de la población. El dinero invertido, ya de por sí escaso, no ha sido bastante para que nuestra sanidad sea eficiente desde el punto de vista de los tiempos: demasiadas listas de espera para operaciones urgentes, demasiada demora para consultas con el especialista y pruebas diagnósticas. Los médicos se quejan, además, de que la cantidad de pacientes en consulta no solo repercute en los enfermos sino también en ellos mismos, que no disponen de tiempo para investigación. El dinero, al fin y al cabo, es imprescindible para solucionar determinados problemas que, sin una partida presupuestaria potente, no tienen una salida fácil.

En Andalucía ya se está demostrando cómo en los últimos meses las listas de espera han comenzado a reducirse gracias a la unión de fuerzas entre los sistemas público y privado. La demonización de esta colaboración, sin embargo, hace que las medidas que incluyen el trabajo conjunto de ambos sistemas sean impopulares y estén mal vistas de cara a la galería debido a la demagogia extrema que, a menudo, se emplea para intentar defender lo público. Mucho se debatió sobre la colaboración público-privada en el ámbito de las donaciones aunque, sin ir más lejos, los donantes provenientes de hospitales privadas incrementarían en 400 el número de trasplantes que se hacen cada año en España.

Sería una auténtica lástima que las mejoras derivadas de la unión de ambos sistemas quedaran lastradas por la impopularidad de la que determinados perfiles pretenden dotar a unas decisiones con las que se pretende la mejora constante de nuestro modelo sanitario. El tiempo corre, la población envejece y el SNS requiere de avances que permitan responder a las necesidades del paciente. El sistema público no tiene, como dice la popular expresión, “café para todos”, por lo que se antoja imprescindible la colaboración como solución para abordar mejoras estructurales que, de otra manera, no queda claro si podrían llevarse a cabo.