miércoles, 10 de abril de 2019

El ejemplo de la Comunidad de Madrid

Las listas de espera continúan descendiendo en la Comunidad de Madrid. En febrero, la demora media para una intervención quirúrgica se situó en 52 días, frente a los 61 días de media con los que terminó 2018. A tenor de los datos, el Servicio Madrileño de Salud es uno de los mejores de España y, en cuanto a intervenciones quirúrgicas, la región es junto a La Rioja la que presenta menor demora en el Sistema Nacional de Salud.

Analizando la situación, parece claro concluir que en el dato ha influido, y mucho, el hecho de que la
Comunidad de Madrid cuente con centros punteros en los que los tiempos de espera son mínimos. Cuatro de los cinco hospitales de gestión privada con los que cuenta la red pública de la región presentan demoras de entre nueve y catorce días. Especialmente reseñable es el caso de la Fundación Jiménez Díaz, con once días de espera frente a los 64 del 12 de Octubre o el Hospital Ramón y Cajal.

En Andalucía, la actual Junta ha tenido que tomar las riendas del Sistema Andaluz de Salud para intentar acabar con los pacientes que el PSOE ocultó en unas listas de espera manipuladas con fines claramente electoralistas. Jugar con la salud de los pacientes parece no estar lo suficientemente penalizado.

Los ciudadanos vivimos semanas complejas en lo político. En prensa y televisión, nuestros representantes no paran de hacer promesas en determinadas materias que quién sabe si algún día cumplirán. Aunque es algo a lo que estamos acostumbrados, deberíamos intentar evitar entrar en su juego y hacer demagogia con temas tan importantes como la sanidad. Siendo prácticos, el hecho de que los hospitales de gestión privada tengan unas listas de espera tan bajas supone una gran contribución a nuestro sistema sanitario, colapsado y al que aquejan unos males que hay que atajar rápido. Los pacientes necesitan soluciones y, para ello, la inversión es crucial.

La ministra Carcedo, que se erige como una de las grandes bazas del Ejecutivo de Sánchez para arrastrar al electorado con sus planes sobre la Sanidad, ha reconocido que las medidas propuestas por el gabinete no serán inminentes. Los pacientes, sin embargo, no pueden esperar. Tampoco pueden esperar los médicos que se están yendo al extranjero, o aquellos que están mal remunerados y asumen excesivas labores administrativas que repercuten en su labor sanitaria. Puede, señora Carcedo, que cuando queramos atajar el problema sea demasiado tarde.

Por supuesto, la defensa de una sanidad pública de calidad, libre y no politizada, no tiene lugar a la duda, aunque la realidad muestra lo contrario. Así, hasta que la Sanidad llegue a ser así, es preciso ir por el camino más práctico y abrazar las ventajas de otros modelos que están demostrando que ayudan a aliviar el problema de nuestro sistema sanitario. Seguir viendo fotografías como las del Hospital de La Paz, con sus urgencias colapsadas, o recibir noticias como las que nos llegan del Hospital de la Ribera, un auténtico desastre tras una reversión sin ningún tipo de sentido, invita al desánimo.

No nos dejemos llevar por las soflamas políticas y recordemos que lo verdaderamente importante es el ciudadano y su bienestar. Solo así conseguiremos una sanidad pública, de calidad y verdaderamente libre.

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