Pero no cabe duda de que, a día de hoy, la investigación prioritaria es la sanitaria. A lo largo y ancho de nuestro planeta hay más de 70 vacunas en potencia, y algunas han empezado a entrar en la fase de pruebas con personas voluntarias (una está en la fase dos de dichas pruebas); en China, en Estados Unidos, en Reino Unido, en Alemania… Y probablemente no tarde en desembarcar en esta fase una de las dos vacunas en las que trabajan en España sendos grupos de investigadores del CSIC. También se multiplican las investigaciones sobre medicamentos que puedan ser útiles más a corto plazo, especialmente de aquellos que ya están en el mercado para combatir otros virus o tratar otras dolencias.
El problema que se nos plantea es que estamos viviendo una auténtica carrera contra el reloj. Estamos hablando de un virus nuevo, a pesar de que “su familia” sea ya una vieja conocida, frente al cual no tenemos inmunidad, porque nadie había pasado antes la enfermedad, y ante el cual no tenemos vacuna ni sabíamos de antemano cuáles serían los tratamientos más adecuados. Y aunque los científicos estén trabajando a una velocidad asombrosa vamos siempre un paso por detrás.
Cuando empiece el desescalamiento, a parte de desear que llegue la ansiada vacuna cuanto antes, habrá que confiar también en la tecnología. Herramientas a nuestro alcance hay muchas, como cámaras térmicas para detectar a personas con fiebre en sitios de gran afluencia de público y aplicaciones para el móvil como las que se están usando en Singapur o en Corea del Sur. La de Corea responde al nombre de Self-quarantine safety protection. Recoge una serie de datos personales del ciudadano y le hace un cuestionario que será evaluado por médicos. En caso de que sea necesario tendrá que desplazarse para hacerse el test del coronavirus. Gracias a la geolocalización la app vigila que los ciudadanos que estén en cuarentena no abandonen el área que tienen asignada.
Obviamente estas herramientas solo funcionan si van acompañadas de la realización de muchos tests tanto PCR como serológicos. En este ámbito también se está investigando la mejora de la tecnología usada para reducir el tiempo de espera de los laboriosos tests PCR. Existen robots capaces de realizar miles de pruebas de este tipo al día, como los 4 que recientemente han llegado a España de la mano de un proyecto solidario.
Otras personas del colectivo de @AMPAsHortaleza, han participado con los @MakersMadNorte para hacer llegar protecciones y conexiones, a los sanitarios de nuestros hospitales. (Fabricadas con sus impresoras 3d).— AMPAsHortaleza (@AMPAsHortaleza) April 17, 2020
Ahora estamos ayudando a entregar a centros críticos del distrito pic.twitter.com/qpWhRWUu37
La respuesta a la pregunta que planteábamos parece que tiene una respuesta clara: sí, la ciencia y la tecnología pueden ayudar. Y mucho.
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