La semana pasada comentábamos en este espacio el tema, postergado últimamente a causa de la actualidad y las urgencias que provoca la pandemia, de las listas de espera. Y poníamos como ejemplo, el cáncer, esa enfermedad que a lo largo de la años se cruza en el trayecto vital de casi todas las familias. Pero si hay un tipo de salud que se ve a menudo relegado en nuestras conversaciones, esa es la salud mental. Y es tan importante como la que afecta a cualquier otra parte del cuerpo, huelga decirlo. El caso es que se habla muy poco de todo lo que rodea a la salud mental en relación a nuestro sistema sanitario. ¿Hay listas de espera? ¿Hay recursos suficientes? Vamos a detenernos hoy unos instantes en el tema.
En la web Civio han publicado recientemente un largo e interesante artículo sobre el tema que nos da algunas respuestas. Por cierto, jalonado de datos e infografías; merece la pena dedicarle unos minutos. Nos dan respuestas desde el titular, Pagar o esperar: cómo Europa -y España- tratan la ansiedad y la depresión, y pronto lo amplían comentado que la cobertura psicológica, y no solo en España, es una de las grandes ausentes del sistema sanitario. La falta de recursos y las largas listas de espera empujan a los pacientes que pueden permitírselo a acudir a la sanidad privada para buscar una solución a sus problemas.
La salud mental atañe a muchos más pacientes de los que pensamos. En España un 5% de la población ha sido diagnosticada de depresión, y otro tanto ocurre con los trastornos de ansiedad. Javier Prado, portavoz de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes en España (ANPIR), incide en que son problemas de mucha prevalencia que no se tratan en muchos países. Y agrega que el estigma de pensar en problemas más graves, en principio, y que requieren tratamiento psiquiátrico, impide que visualicemos las mencionadas enfermedades.
La pandemia de coronavirus nos ha afectado de diversas formas. Por un lado, como en todas las enfermedades, ha hecho que no se diagnostique lo suficiente y que mucha gente no acuda al médico. Por otro lado, mucha gente se ha visto afectada por un año de restricciones; y lo que queda. En InfoSalus nos cuentan que la Confederación Salud Mental España ha lanzado una campaña, bajo el nombre 'Salud mental y COVID-19. Un año de pandemia', con el objetivo de visualizar todo esto y proponer algunas soluciones.
Nos alertan de que en España faltan recursos en la atención de estas dolencias y que 12 meses de incertidumbre y miedo han hecho estragos en la salud mental de muchos españoles, especialmente en las capas de la sociedad con menos recursos económicos. Economía aparte, o no, todo se mezcla, los grupos de población que más han necesitado la atención de los servicios de salud mental han sido jóvenes, mujeres y personas con discapacidad. En dichos grupos ha aumentado también el consumo de ansiolíticos y antidepresivos.
Precisamente del exceso de fármacos y de la carencia de psicólogos nos hablan en este artículo de El Mundo, donde nos recuerdan también que en España hay 10 suicidios al día, muchos de ellos relacionados con algún problema de salud mental. Faltan recursos, dicen en la web de RTVE, donde cuentan que España presenta una ratio de 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, frente a los 18 de media de la Unión Europea; la verdad es que oscila mucho de un país a otro. Otro dato íntimamente unido al anterior es que más de dos millones de españoles toman a diario ansiolíticos. Parte de estos medicamentos los prescriben médicos de cabecera y no especialistas.
Faltan profesionales, o al menos faltan psicólogos y psiquiatras en la sanidad pública, lo que empuja a los pacientes a buscar alternativas privadas. El número de plazas de Psicólogo Interno Residente (PIR) es exiguo y habría que aumentarlo, pero también facilitar el acceso de todos los ciudadanos, como acostumbramos a decir, a todos los recursos disponibles, ya estén ubicados en la sanidad pública, la privada o sean profesionales independientes.
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